Elisabeth Huppert Elle Dia Mundial Teatro

#DíaMundialDelTeatro – Mensaje de Elisabeth Huppert

Para muchos el teatro es tan solo una opción de entretenimiento. Es posible. Es un hecho, de hecho, y no es reprochable. Igual que para otros -o los mismos- lo es también el cine. O la música.

Para otros -no sé si más o menos que los anteriores- es además un modo de vida. Y ello no quiere decir necesariamente que puedan literalmente vivir con las ganancias del teatro. Es más bien que directamente no podrían o no sabrían vivir sin el teatro en sus vidas. La propia Elisabeth Huppert, encargada este año del mensaje del Día Mundial del Teatro en la UNESCO, se refería a esto en su mensaje:

Nosotros no hacemos que el teatro exista. Es gracias al teatro que nosotros existimos.

Sea como fuere, tanto unos como otros tienen en común el eje fundamental por el que el teatro es indispensable en nuestras vidas: es cultura. Escogida o llegada casi sin quererlo, la cultura enseña. De la cultura se aprende. Todos somos esponjas que absorbemos en mayor o menor medida y mientras eso sea así, y el mundo siga siendo mundo, el teatro seguirá siendo una herramienta fundamental en nuestro aprendizaje del mundo. De la vida.

En un mundo que está permanentemente en conflicto, donde queda patente que por mucha globalización que vivamos, seguimos sin escucharnos, seguimos sin entendernos y seguimos sin tener ganas de hacerlo, buscamos y necesitamos elementos como el teatro para aprender a mirar lo que no somos nosotros o, mejor dicho, lo que en buena medida sí somos pero no nos atrevemos a ver.

Y la multipremiada actriz no ha querido dejar pasar la oportunidad para comentar todo esto y más en su mensaje de hoy.

Aquí, transcrito en su totalidad para quien quiera leerlo.

«¡Paso al teatro!»

Bueno, aquí estamos otra vez. Reunidos de nuevo en primavera, 55 años después de nuestra reunión fundacional, para celebrar el Día Mundial del Teatro. Un solo día, 24 horas, que comienzan de la mano del teatro NO y del Bunraku que pasan por la Ópera de Pekín y el Kathakali, brillando entre Grecia y Escandinavia, de Esquilo a Ibsen, de Sófocles a Strinberg, entre Inglaterra e Italia, de Sara Kane a Pirandello, y también Francia, donde nos encontramos, y en París, la ciudad del mundo que atrae a más grupos de teatro internacional. En esas 24 horas podemos ir de Francia a Rusia, de Racine y Molière a Chejov, e incluso atravesar el Atlántico para acabar en un campamento californiano, tentando a jóvenes a reinventar, quizás, el teatro.

De hecho, el teatro renace cada día de sus cenizas. No es sino una convención que hay que abolir incansablemente. Así es como sigue vivo. El teatro tiene una vida abundante que desafía el espacio y el tiempo, y las obras más contemporáneas se nutren de los siglos pasados, los repertorios más clásicos se hacen modernos cada vez que son representados de nuevo en escena.

El Día Mundial del Teatro no es pues, obviamente, un día cualquiera de nuestras vidas que deba ser tomado de forma banal. Hace revivir un inmenso espacio-tiempo y, para evocarlo, querría citar a un dramaturgo francés tan genial como discreto, Jean Tardieu. Hablando del espacio, se pregunta «cuál es el camino más largo para ir de un punto a otro». Sobre el tiempo, sugiere «medir, en décimas de segundo, el tiempo que se tarda en pronunciar la palabra ‘eternidad». Sobre el espacio-tiempo, también dice: «Antes de dormir, fija tu mente en dos puntos del espacio, y calcula cuánto tiempo se tarda, en un sueño, en ir de uno a otro».

Es la frase «en un sueño» la que siempre me da vueltas en la cabeza. Pareciera que Jean Tardieu y Bob Wilson se hubieran encontrado.

También podemos resumir nuestro Día Mundial del Teatro citando las palabras de Samuel Beckett, que hace decir a Winnie en su estilo expeditivo: «¡Oh, qué hermoso día habrá sido!».

Al pensar en este mensaje que tengo el honor de que me hayan pedido que escriba, he recordado todos los sueños de estas escenas. Por eso puedo decir que no he venido a esta sala de la UNESCO yo sola. Todos los personajes que he interpretado en escena me acompañan. Personajes que parecieron irse cuando caía el telón, pero que han cavado una vida subterránea en mí, dispuestos a ayudar o destruir a los personajes que les sucedieron. Fedra, Araminte, Orlando, Hedda Gabbler, Medea, Merteuil, Blanche Dubois.

Me acompañan también todos los personajes que he adorado y aplaudido como espectadora. Y por eso es por lo que pertenezco al mundo. Soy griega, africana, siria, veneciana, rusa, brasileña, persa, romana, japonesa, marsellesa, neoyorkina, filipina, argentina, noruega, coreana, alemana, austriaca, inglesa, realmente del mundo entero. Esa es la auténtica globalización.

En 1964, con ocasión de este Día Mundial del Teatro, Laurence Olivier anunció que, tras más de un siglo de lucha, por fin se acababa de crear en Inglaterra un teatro nacional que él quiso transformar inmediatamente en un teatro internacional, al menos por su repertorio. Él tenía muy claro que Shakespeare pertenecía al mundo.

Me ha encantado saber que el primer mensaje de estos Días Mundiales del Teatro, en 1962, se le confió a Jean Cocteau, por ser autor del libro La vuelta al mundo en 80 días otra vez. Yo he dado la vuelta al mundo de forma diferente. La he dado en 80 espectáculos u 80 películas. Incluyo aquí películas en las que no distingo entre hacer teatro o cine, que sorprende cada vez que lo digo pero es cierto. Ninguna diferencia.

Al hablar aquí no soy yo. No soy una actriz. Soy solo uno de esos incontables personajes gracias a los cuales el teatro sigue existiendo. Es un poco nuestro deber. Y nuestra necesidad. Cómo expresarlo… Nosotros no hacemos que el teatro exista. Es gracias al teatro que nosotros existimos.

El teatro es muy fuerte, resiste, sobrevive a todo, a las guerras, a las censuras, a la falta de dinero. Es suficiente con decir «la escena es un escenario vacío de un tiempo indeterminado» y hacer entrar a un actor. O una actriz. ¿Qué va a hacer? ¿Qué va a decir? ¿Van a hablar? El público espera, ese público sin el que no existiría el teatro, no lo olvidemos nunca. Una sola persona de público, es público. ¡Esperemos que no haya muchas sillas vacías! Salvo en la obra de Ionesco. Al final la Vieja dice: «Sí, sí, muramos en plena gloria. Muramos para entrar en la leyenda. Al menos tendremos nuestra calle».

El Día Mundial del Teatro existe desde hace ahora 55 años. En 55 años soy la octava mujer a la que se le pide pronunciar un mensaje. Bueno, no sé si la palabra «mensaje» es la adecuada. Mis predecesores (¡se impone el masculino!) hablaron del teatro de la imaginación, de libertad, del origen, evocaron la multiculturalidad, la belleza, las preguntas sin respuestas.

En 2013, hace tan solo 4 años, Darío Fo dijo: «la única solución a la crisis, reside en la esperanza de una gran caza de brujas contra nosotros, especialmente contra los jóvenes que quieren aprender el arte del teatro: así surgirá una nueva diáspora de comediantes, que hará surgir de estas limitaciones unos beneficios inimaginables para una nueva representación». Beneficios inimaginables es una fórmula digna de aparecer en un programa político, ¿no? Como estoy en París poco antes de unas elecciones presidenciales, sugeriría a aquellos que pretenden gobernarnos, que estén atentos a los beneficios inimaginables aportados por el teatro. Y por supuesto, ¡nada de caza de brujas!.

El teatro para mí es el otro, el diálogo, la ausencia de odio. La amistad entre los pueblos. No sé ahora mismo qué significa exactamente, pero creo en la comunidad, en la amistad de los espectadores y los actores, en la unión de todos a los que reúne el teatro, los que lo escriben, los que lo traducen, los que lo explican, los que lo visten, los que lo decoran, los que lo interpretan, incluso, los que van. El teatro nos protege, nos acoge. Creo de veras que nos ama tanto como le amamos.

Recuerdo a un viejo director de la vieja escuela, que antes de que se levantara el telón, entre bambalinas, decía cada noche con voz firme: «¡Paso al teatro!».

Estas serán mis últimas palabras. Gracias.

Guillermo Barrientos y Eva Maricel Jorge y Silvia en Dos Días

DOS DÍAS: un ejemplo de verdad en el escenario

Intentar hablar de «Dos días» sin revelar ningún detalle importante es un ejercicio de incalculable contención. Y no hacerlo es casi un pecado.

«Dos días» hay que masticarla. Saborearla. Digerirla… Y una vez hemos hecho eso, hay que volver a verla

Coescrita por Miguel Ángel Cárcano y María Inés González, «Dos Días» es una de esas obras de teatro de las que hay que hablar. Ellos, habituales del circuito off de la escena madrileña, no sólo no pierden fuelle sino que siguen al pie del cañón y pisando fuerte. Esta apuesta, muy suya y con ciertos matices diferentes a lo que nos tienen acostumbrados, se ha convertido en una representación que entra de golpe y a bocajarro en el espectador. Por eso seguramente el diálogo en relación a ella es inevitable. Sobre todo con uno mismo.

«Dos días» hay que masticarla. Saborearla. Digerirla… Y una vez hemos hecho eso, hay que volver a verla para comprobar cómo ya es parte de nosotros, cómo lo era antes de verla, y cómo, sorprendentemente (¡o no!) descubrimos cosas que en la primera vez se nos pasaron por alto o interpretamos de manera equivocada.

SILVIA Y JORGE

Uno empezaría por explicar quiénes son los protagonistas pero la realidad es que Silvia y Jorge ni siquiera se conocen a sí mismos. Se encuentran en un hotel. Más bien se reencuentran. O al menos coinciden allí. Y pasito a pasito comienzan a deshojar la flor de sus deseos, sus miedos, sus inseguridades… Y ¿quién no se ha visto alguna vez en una situación así? ¿Quién no se ha sentido nunca en la piel de unos personajes así?

Pero ¿qué piel es esa?

Se trata de la piel de dos personas que aman. Pero también la de quien añora y sufre. La piel de quien una vez tuvo y ahora no está tan seguro. La de quien se aferra a algo a pesar de lo evidente. La piel de quien quiere creer. Necesita creer.

Jorge Silvia Guillermo Barrientos Eva Marciel Dos Dias Teatro Lara

Jorge y Silvia. Guillermo Barrientos y Eva Marciel.

TODOS SOMOS TODOS

Si uno se queda después de la función a cruzar algunas palabras con el equipo, no tardará en salir la frase todos somos todos. ¿Es posible hablar de una historia universal en esta obra?

En una historia de dos personas que comparten encuentros y desencuentros, no hay buenos ni malos. Solo hay piel. Y todos estamos hechos de eso.

Quizá uno de los mayores tópicos en lo que a la narrativa se refiere es ese de catalogar una historia como universal.

En el caso de «Dos días» sería demasiado fácil –y quizá osado- reducirla al concepto de historia universal. Para empezar porque lo que ocurre estrictamente en escena probablemente esté lejos de lo que la mayoría haríamos en nuestras vidas. Probablemente… Pero en muchos momentos de la función, más de uno y más de cinco (por decir algo), uno es capaz de ponerse al mismo tiempo en la piel de Silvia y en la de Jorge. A la vez incluso aunque sean posiciones opuestas. Y sentirlo con la misma intensidad conteniendo el aliento por ellos, intentando no invadir el espacio también contenido de quien tenemos a nuestro lado. La complejidad en la escritura del texto para encontrar un equilibrio y la habilidad para conciliar el universo de los personajes y el del espectador son tales, que esta obra supera lo universal. Esto es otra cosa…

En una historia de dos personas que comparten encuentros y desencuentros, no hay buenos ni malos. Solo hay piel. Y todos estamos hechos de eso.

CUANDO MENOS ES MÁS

Miguel Ángel Cárcano es un maestro en eso de la esencia. Ser uno de esos (pocos) privilegiados que (casi) siempre tiene una obra en cartel tiene mérito. Y tiene su sentido. Ser uno de los nombres del off madrileño no tiene tanto que ver con la factura de la producción – que también -, sino con la increíble factura de sus historias y la profundidad de sus personajes. Especialmente en esta última propuesta. Los textos que nos traen estos dos autores nacen y crecen porque lo hacen desde lo elemental, desde la verdad. No hay artificio en su dramaturgia, ni trucos. Hay cohesión y empaque. Hay sentido. Y capas. Capas y capas, como en la vida misma, que le llevan a uno a pensar. A sentir. Y no sólo eso, a mirarse uno mismo. Incluso aunque sea lo último que uno querría hacer cuando va a ver una obra de teatro. Como decía uno de los personajes de «Cuatros estaciones y un día» (también obra de los dramaturgos argentinos): «nos cuesta mirarnos detenidamente, nos miramos al espejo pero no nos vemos».

La comunión de estos dos artistas con la sensibilidad y el instinto del director y con la madurez del texto, cierran el círculo del menos es más. Y de la verdad

Con sus obras, con ellos, abrimos los ojos y nos abrimos en canal. Aunque sólo sea en el universo tan reducido y tan inmenso al mismo tiempo de nuestra intimidad. Solo eso y nada más que eso son sus obras. Cómo si fuera así de sencillo…

Y «Dos días» no es diferente a las demás.

LAS CARAS QUE NOS REPRESENTAN

Guillermo Barrientos Jorge Eva Marciel Silvia Dos días Teatro Lara Madrid

Guillermo Barrientos es Jorge. Eva Marciel es Silvia. En Dos días.

Eva Marciel y Guillermo Barrientos son Silvia y Jorge. Ellos, tan expuestos como están debido a su popularidad, un día deciden que quieren rasgarse las vestiduras para interpretar a estas dos almas perdidas. Con la única ayuda de una cama. Pero no sólo con una cama. Hacen falta
valentía y generosidad para profundizar en esas capas que son sus personajes y para ponérselas encima con mimo
. Para ponerse en la piel de Silvia y Jorge por un ratito. Para ser ellos para nosotros.

La comunión de estos dos artistas con la sensibilidad y el instinto del director y con la madurez del texto, cierran el círculo del menos es más. Y de la verdad ¡Y de qué manera!

CUÁNDO VERLA

Es difícil hablar de «Dos días» y no revela ningún detalle importante. Y, sin embargo, aquí estamos. Porque lo más fascinante de todo es que nada de lo aquí dicho finalmente revela nada de la obra. Y al mismo tiempo, lo dice todo.

Cartel Dos Días Teatro Lara sala Lola Memorives Madrid

Cartel de Dos Días. En la sala Lola Membrives del Teatro Lara.

Para vivir la verdad del teatro a pocos centímetros de estos artistas, hay que ir a ver «Dos días» (Y mejor si la vemos dos días). Y eso se puede hacer los miércoles de marzo a las 22.15h y los sábados de mayo a las 19.30h en la sala Lola Membrives del Teatro Lara.

Y sólo digo que hace falta ya una función con coloquio posterior. Ahí lo dejo.

Eso, y que perdérsela es, seguramente, un error.