El tren convertido en película

Ahora, que se supone que debería comenzar el buen tiempo -e incluso hay días en que sí se puede disfrutar de un pequeño empacho de sol-, una no puede evitar pensar en la cantidad de planes que hacemos a la mínima que tenemos ocasión.

Los medios de comunicación anuncian que el tren está desvancando al avión como el medio de transporte preferido por los españoles para los viajes de media o larga distancia. Ya sea por vacaciones o por negocios. Y también está en nuestro día a día para ir a nuestro lugar de trabajo.

Tan integrado tenemos el tren en nuestras vidas que a veces no nos damos ni cuenta de que, en ocasiones, el tren es un personaje más de algunas de esas películas que guardamos en nuestra videoteca como “favoritas”. O, si no favoritas, sí de esas que vemos y revemos y requetevemos.

¿Por qué entre vagones?

Una de las claves del éxito de una buena historia reside en la capacidad de generar una tensión creciente que acabe por resolverse al final. Las historias más trabajadas a nivel dramático consiguen que esa tensión se genere y evolucione a partir de los conflictos que tienen lugar entre sus personajes. Como definición, eso es lo ideal. Aunque no hay que perder de vista que las circunstancias que rodean a los personajes pueden ser unos importantes condicionates de la evolución de la historia.

Un tren es un espacio limitado en movimiento que acota a nuestros personajes en un lugar determinado por un espacio de tiempo también determinado. En esas circunstancias, si nada ocurre, el trayecto será como previsto. Pero si sí ocurre algo -algo comprometido, sorpresivo o que suponga un giro de los acontecimientos-, entonces empieza la tensión y el tren puede ser un buen compañero de viaje… O quizá el peor de los aliados.

Algunos trenes famosos

El primer tren que a uno se le viene a la cabeza, casi inevitablemente, es el de El maquinista de La General (The General, 1926) codirigida por Buster Keaton y Clyde Bruckman. Una de las joyas del cine clásico que ocupa un lugar importante en los rankings (casi de la clase que sea).

Aunque es muy probable que cada uno tenga unos referentes concretos en función de la clase de películas que más le gusten.

A bote pronto, se me ocurre que habrá los que prefieran las películas del Oeste y se acuerden de Hasta que llegó su hora (Once upon a time in the West, 1968) del genio del género, Sergio Leone. A otros les será inevitable recordar Extraños en un tren (Strangers on a train, 1951), una de las películas de Hitchcock donde los asesinatos son la nota predominante.

A lo largo de la historia encontramos trenes para todos los gustos, cómplices de todo tipo de historias, en todo tipo de ambientes y tonos. Y si no son los propios trenes, los son las vías o las estaciones. Un listado rápido que se me ocurre (aunque no necesariamente el más representativo) es está formado por películas tan diferentes como estas:

  • Asesinato en el Orient Express
  • Transsiberian
  • Polar Express
  • La vida es bella
  • Wild Wild West
  • Harry Potter
  • Regreso al futuro II
  • Ocean’s Twelve
  • Viaje a Darjeeling
  • El secreto de sus ojos

En fin, que la lista continúa hasta casi el infinito, pero, para mi gusto, hay algunas películas donde el tren, o lo relacionado con el tráfico ferroviario, acaban por ser determinantes.

Películas que no se entienden sin el ferrocarril

¿Os habéis dado cuenta de que, generalmente, los protagonistas de esta clase de películas viajan solos? Es como si los personajes que viajan acompañados llevaran de por sí un conflicto en la maleta y el tren fuera tan sólo un entorno más. Aunque no sea así en el 100% de los casos, lo que sí suele ser habitual es que en el tren se produzcan encuentros entre personajes solitarios -o separaciones en el andén- y ahí comience la trama.

Sin ser necesariamente las más representativas de esta clasificación, las siguientes películas no se entenderían si el mundo ferroviario no formara parte de ellas.

Before Sunrise

Una de las sagas que más me gusta comienza precisamente con el encuentro de dos desconocidos en un viaje en tren. ¿A quién no le ha ocurrido que viaja en un tren y las toses, los ronquidos, los llantos, los ruidos le molestan tanto que acaba por cambiarse de asiento? Ese tipo de cosas hacen que Jesse y Celine (Ethan Hawke y Julie Delphy) -que viajan solos- acaben por sentarse tan cerca que sus miradas se crucen y, en segundos, también lo hagan sus vidas. Son jóvenes, curiosos y, sobre todo, aventureros. Ella tenía que seguir su viaje al llegar a Viena pero él no puede evitar invitar a la joven francesa a bajarse con él y pasar la noche juntos recorriendo las calles de la ciudad. Todo lo que ocurre o lo que quieran que ocurra, tendrá que tener lugar Antes del amanecer (Before Sunrise, 1995).

 

Eternal Sunshine of the Spotless Mind

Algo parecido ocurre entre Joel y Clementine (interpretados por Jim Carrey y Kate Winslet). Él viaja en un tren cargando consigo una enorme mochila de sufrimiento y frustración por el fracaso de su última relación sentimental. Ella, Clementine, cuyo nombre podría recordarnos al de una clase de mandarina, está sentada en el mismo vagón, a solo unos asientos de distancia, con su apariencia desenfadada y  su característico pelo azul desteñido. En ese viaje donde ella habla sin parar también se cruzan sus vidas y de una manera tan intensa que por más que se empeñen en eliminarlo de sus vidas -o mejor dicho, de sus mentes-, el impacto resulta indeleble. Una película donde Jim Carrey de nuevo se sale de sus papeles cómicos que le hicieron famoso y nos arrastra a una búsqueda de la verdad. En España se tituló ¡Olvídate de mí! (Eternal sunshine of the spotless mind, 2004).

Source Code

Sin embargo, los trenes no son necesariamente los escenarios perfectos para el romance y los enamoramientos. El propósito del viaje puede ser cualquiera pero ¿qué ocurre si el viajero no sabe exactamente por qué está allí? ¿Y si descubre el objetivo de su presencia en ese tren pero está avocado a repetir su viaje una y otra vez hasta detener una tragedia? ¿Y si cada repetición consiste en unos pocos minutos nada más, pues se trata de alguna clase de viaje en el tiempo y precisamente eso, el tiempo, el limitado? Jake Gyllenhall encarna al capitán Stevens – ¿o quizá a Sean?- en este thriller de ciencia ficción en el que su personaje, quien físicamente está arruinado, está destinado en una misión que consiste precisamente en eso: detener una tragedia antes de que ocurra viajando en el tiempo a través de un sistema complejo por el que no viaja físicamente… ¿Complicado? Adictivo. Código fuente (Source Code, 2011) transcurre en muy pocos escenarios y, como no podía ser de otra manera, el tren es prácticamente el coprotagonista.

Stand by me

Y luego están esas otras películas que no hablan de amor ni de investigaciones criminales. Son esas otras películas que ya sea por lo que cuentan o por el lugar que una vez ocuparon en nuestras vidas -y no nos engañemos, lo siguen ocupando-, tienen un sabor especial.

Cuenta conmigo (Stand by me, 1986) es una de esas películas. Son cuatro chicos poniéndose a prueba, manteniéndose unidos, viviendo aventuras y, a fin de cuentas, aprendiendo a vivir. Y a enfrentarse a la muerte por primera vez. Y lo hacen como un juego, de excursión, siguiendo las vías del tren. Esas vías que les escuchan cantar Lollipop, que les sienten pelearse y que nos brindan una de las escenas míticas del cine de los 80: los chicos corriendo por las vias elevadas sobre un río perseguidos por un tren que no tienen intención de frenar.

A veces no es necesario que el tren sea o no sea relevante. Ni un avión. Ni un coche. Ni un caballo ni un barco. Puede que condicionen la aventura de nuestros personajes. En efecto, lo hacen. Aunque, a fin de cuentas, lo bonito en muchos casos es el pretexto para invitarnos a viajar con ellos. Y, con suerte, algunas de esas películas nos acompañarán siempre en cualesquiera sean nuestros viajes.

 

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