A veces te tropiezas con canciones que te recuerdan a otras canciones, que te recuerdan a ciertos momentos, que te provocaron -y aún te provocan- emociones. En otras palabras, canciones que, las conocieras antes o no, te recuerdan a algo que forma parte de ti.
Algunas de esas canciones, sin voluntad propia y ante el desconocimiento de sus autores, no solo forman parte de ti sino que componen tu banda sonora particular.
Hay días que, por la razón que sea, huelen a algo en particular. Hablo desde la mayor de las subjetividades. No es que salgas a la calle y huela a lluvia. Es que sales a la calle y huele al día en que te reencontraste con un amigo que hacía siglos que no veías o a los veranos que tus padres te llevaban al Parque de Atracciones y era el día más maravilloso del mundo (aunque sólo pudieras montarte en 4 cacharritos porque por aquellas fechas no existía la calcamonía, ni nada que se le pareciera).
Cuando juntamos esa clase de canciones y esa clase de días, salen playlists o listas de reproducción que te van a dar la pauta del resto del día. Y te susurran al oído el estado de ánimo que tienes incluso aunque (aún) no te hayas dado cuenta.
Canciones o poemas
Mi playlist de hoy es breve y ecléctica. Son letras que bien podrían ser poemas o jeroglíficos y melodías que se quedan fácil. Y todas son en castellano.